[CINÉFILO PROMEDIO] «Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos»

Dando menos de lo esperado

Llevar la fantasía hacia un nivel superior de sopetón con un personaje nuevo siempre tiene sus riesgos y si bien “Shang-Chi: La leyenda de los diez anillos” (2021) lo hace parte de su previsible premisa, aún siendo relativamente entretenida carece del fondo y ritmo necesario para conseguir mejores resultados.

El contexto de las artes marciales orientales mezclado con lo místico y mágico si bien es encantador y a ratos hipnotizante gracias a un par de escenas muy bien explotadas, termina cayendo en la gula visual y en esos valles argumentales que Hollywood ha recogido en sus adaptaciones de fábulas asiáticas sin una emotividad que le sabe ajena, que es más propia de otra cultura y con otros parámetros. El resultado de eso son clichés por kilos y lagunas bostezables.

Con todo lo anterior, sin duda Marvel se sacudió de la pausa obligada por pandemia para mover toda su maquinaria impulsada por Disney para entregarnos productos por doquier y que de alguna forma conectan. Eso que otrora nos fascinó, hoy por momentos parece ser demasiado que procesar e incluso arriesga saturar. Así como los primeros diez años los poderes fueron más explícitos, ahora parece ser el tiempo de la magia.

Y a propósito de conectar, la irregularidad de esta película de origen es su característica principal; momentos de acción sin discusión como lo más alto que contrastan con alerta de bostezos en un sinfín de explicaciones y flashbacks recurrentes para entregar pistas una y otra vez. Todo amalgamado con un tono de comedia que infantiliza una cinta que quizás debió apuntar a practicidad y adultez en desmedro del rótulo innecesario de todo espectador. De las caricaturas que hasta pueden resultar ofensivas se puede hacer un análisis aparte

“Shang-Chi: La leyenda de los diez anillos” no es ni lo mejor ni lo peor del Universo Marvel pero está más cerca de lo insuficiente que de lo destacable. Incluso los más fanáticos tendrán que aceptar sus bemoles y ese ritmo entrecortado de acelerar y frenar a punta de comedia. La falta de un hit de lleno le mete presión a lo que viene porque este nuevo héroe puede mejorar pero como suele pasar, si se habla más o a la par de una post créditos que de la película que acabas de ver, algo no ha funcionado bien.

Recomendación: Aceptable. Tiene flancos por mejorar porque su irregularidad, clichés y otros problemas opacan su esta irrupción.

[CINÉFILO PROMEDIO] «Entre dos helechos: La película»

No siempre hay que extender el show

El estilo de humor de Zach Galifianakis es de aquellos que no es compatible con todos los públicos o sencillo de seguir. «Entre dos helechos» (2019) es la mismísima expresión de ello y para quienes no conocían este show montado de anti – entrevista, como suele ocurrir con estas cintas en solitario, bien puede servir de introducción.

La premisa de la película es una suerte de gac extendido que apela a los exabruptos y el ridículo para obtener momentos jocosos que sacan risa por lo que representan en escena. Sin bromas explícitas pero abusando de los momentos incómodos y surrealistas.

Seguramente la versión en pantalla grande pierde mucho o se desgasta en el ejercicio de darle una trama a un show que siempre tuvo como objetivo entrevistas cortas, incómodas y disparatadas con celebridades, que se ríen de sí mismos aunque deben extremar actuaciones para no expresar la risa abiertamente. Acá esos momentos son lo mejor de la cinta, siempre dentro del tipo de humor particular que pregona.

Al final como apuesta cinematográfica gana por curiosidad del espectador, por peculiaridad pero en contenido, sencillamente nunca lo tuvo porque al igual que el show original no pretendía ser más que sketchs breves disimulados de una entrevista que escupe humor negro a destajo y que califica como una cinta muy de públicos específicos o minorías más seguidoras de la industria hollywoodense.

Recomendación: Débil. Muy de nicho para quienes gustan de un tipo de humor muy particular. 

#SomosÑoñosNoPesados Reacción al trailer de SpiderMan 3 *No way Home* (de noche shhhh!)

Mientras todos duermen en casa, nos escabullimos para dar una mirada como corresponde al trailer de cine más esperado del mundo pop en 2021, el regreso del hombre araña a la gran pantalla en medio de la avalancha de rumores sobre su contenido y una bullada filtración en la previa…

¿Wong donde va? Queda claro que lo veremos en Shang-Chi. ¿A ustedes también les pareció raro el comportamiento del Doc Strange? ¿Qué versiones de los seis siniestros que se insinuaron finalmente veremos? ¿Le arreglarán un poco el CGI a don Otto Octavius? ¿Dejará Peter de depender del traje y tendremos una mejor versión del héroe, menos infantilizado? Insisto, solo espero que Jon Watts no lo arruine de nuevo.

¿Era lo que esperábamos? Una cosa es cierta, revela más de lo que me imaginaba…

#SpiderMan #Spiderman3 #MCU

[CINÉFILO PROMEDIO] «El Escuadrón Suicida» (2021)

Coherentemente disparatada

Tuvo que llegar James Gunn y tener licencia para echar a volar su humor, a ratos ácido e incómodo, para dar variantes a una propuesta en el cine de DC Cómics que venía siendo irregular y vacilante en cada estreno hasta ahora. De hecho, para muchos sigue en la nebulosa si esta es una cinta secuela o remake, donde se repiten personajes de otras películas cruzadas como «Birds of prey» (2020) o la anterior versión de este «Escuadrón Suicida» (2016).

Sin importar los difusos precedentes en la pantalla grande, «El escuadrón suicida» (2021) -nótese el artículo para diferenciar el título- es entretenida, juega con infantilismos burdos que resultan graciosos para los más grandes, todo con un humor negro y adulto que está en su momento en el cine y sacando personajes de los cuales no hay mayor noción como para saber qué esperar de ellos.

A diferencia de las otras cintas mencionadas con estos anti héroes o derechamente villanos de DC, acá no hay un «Harleyverso» donde todo gira en torno a la rubia psicótica interpretada por Margot Robbie y el naipe está bastante mejor repartido para bien, incluso dándose mañana de abofetearnos «al más puro estilo Deadpool» sobre la suerte de los personajes. También se da maña para sentimentalismos en medio de la blasfemia y extrañamente no resulta raro que encajen en este puzzle.

Disparatadamente entretenida, se trata de un nuevo sendero para este lado de la calle de los superhéroes, seres con poderes y habilidades. Si bien otros como Shazam caen en infantilismos o Wonder Woman en ingenuidades supinas en su secuela, esta versión del Escuadrón Suicida es derechamente incorregible y le da sazón a ese abanico cinematográfico liderado por Superman y Batman, cuyo futuro está actualmente en ascuas. De Marvel ni hablar, es el agua y aceite con esta narrativa sin mucha censura.

«El escuadrón suicida» versión 2021, patentado por James Gunn es recomendable para adultos, jóvenes o personas con referencias mínimas o preferencias por los cómics, no necesariamente con mucha idea de cada uno de los personajes pero con ganas de verla y dejarse llevar por una historia que no deja indiferente y por varias secuencias deja bastante satisfacción. Eso sí, aunque es un poco larga (2h 10m) no deja de ser una buena alternativa de este subgénero.

Recomendación: Muy interesante a buena. Es muy entretenida y disimula sus incongruencias dentro de la disparatada propuesta de James Gunn. Diferente. Una apuesta lograda.

[CINÉFILO PROMEDIO] «Ícaro»

Títeres y principios.

Alcanzar el Oscar por mejor documental es una credencial poderosa para «Ícaro» (2017), puesto que compitió por esa categoría en otras lides y no consiguió el objetivo. Sin duda hay factores investigativos pero también políticos que pesaron en la Academia para el trofeo pero sería injusto no darle el mérito de catalogarlo como un buen producto ya que logra ser llevadero aunque quizás pierda el norte que motiva verla.

Quien haya hecho algún trabajo de tesis se identificará con el comienzo de una labor a fondo que termina decantando en otra bastante diferente. El móvil de «Icarus» es la experimentación y si bien la mantiene como tónica general, su rumbo es un descubrimiento en ascenso para el público.

Si las dos horas pueden ser un poco largas para algunos solo podrían justificarse por la atención que el documental va imprimiendo en su desarrollo, donde se da maña para tornarse como cinta de espías, thriller o thriller político, muy distante del deporte que movía el interés inicial del espectador y el autor.

Así, de modo poco ortodoxo y con un factor que muchos tildarían de fortuna en medio de un experimento lejos de lo convencional, «Ícaro» obtiene su valía, quizás dejando en el camino la premisa que movilizó sus recursos, con los que termina empatizando hasta la complicidad y provocando que se cuestionen sus principios, pero como obra audiovisual, sin duda obtiene nota más que interesante.

Recomendación: Buena. Contingente, con repercusiones y por momentos -aunque descuidada- resulta intensamente interesante.

[CINÉFILO PROMEDIO] «Space Jam: Una nueva era» (2021) – (A new legacy)

Colorido fracaso

A esta altura sería bueno dejar establecido que las secuelas que se denominen «un nuevo legado», «nueva era», etc., deberían pasar directamente a cable o a tv abierta. «Space Jam: A new legacy» (2021) es la prueba que a ratos los prejuicios dan en el clavo y en rigor no hacía falta ser mago para notar que los Looney Tunes tan cotizados en otras épocas, hoy como tantos otros personajes infantiles, para una nueva generación de niños son solo figuras de merchandising que no se asocian a aventuras animadas con el impacto y presencia como lo hicieron con otros infantes en el pasado.

Este no es un fenómeno aislado; en el caso de Mickey y sus amigos, Disney ha revitalizado estos personajes mediante sus plataformas más infantiles, donde al menos Donald, Pluto y los demás tienen cabida, e incluso han apostado a regenerar variantes más elaboradas como Pato Aventuras y otros. Sin embargo Sam Pistolas, Correcaminos y el Coyote, Marvin el marciano o Piolín y Silvestre, al igual que Taz son conocidos quizás de vista, pero no tienen rotación en pantallas al nivel de la primera Space Jam que nos sorprendió por allá por 1996. Ahí el equilibrio entre una leyenda deportiva y los dibujos animados que podías ver por la mañana era potenciador. Acá en la comparativa el resultado es muy deslavado.

Dicho esto, esta secuela de la mano de LeBron James es un cameo extendido de una serie de figuras del mundo pop, las cuales Warner no duda en usar, ya sean de películas, series o animaciones pero que en rigor no ayudan a hacer más conocidos de lo que ya son a los propios Looney Tunes que dan vida a esta aventura. Es como si la compañía se hiciera un auto homenaje mirándose el ombligo sin pensar en los espectadores, especialmente los niños. Además, la complejidad innecesaria de la trama es un escollo francamente insalvable a ratos y si la cinta noventera no llegaba a hora y media para todo público, esta se empina a las dos horas y tiene algunos momentos algo cuestionables visualmente para los más chicos.

Como en el deporte mismo, el resultado manda y acá el cuociente es deficitario en entretención, ni hablar de risas y si bien en la parte técnica y musical se ajusta a sus tiempos, «Space Jam: Una nueva era» es un producto mal concebido, con un enganche comercial en James que no hace lo propio en tiempos donde -como la propia película lo dicta- los niños y jóvenes están más pendientes de sus pantallas y tablets que de tirarse en la alfombra a dibujar sus animaciones favoritas desde la televisión. Eso se ha perdido y en esta pseudo secuela queda de manifiesto. Intentar revertir ese explícito escenario cultural global, fue una mala idea.

Quizás si hubieran hecho un proyecto distinto reuniendo personajes de videojuegos hubiera sido más atractivo para los sub 13 o si querían mantener la tónica, lo lógico era reencantar a Jordan y un regreso al mundo animado 20 años después apelando a la nostalgia. Al parecer a nadie se le ocurrió y a cambio tenemos dos horas de Don Cheadle intentando salvar algo que no tiene caso.

Recomendación: Mala. Una pena. Mal concebida desde el inicio. Fuera de tiempo.

[CINÉFILO PROMEDIO] «Cruella»

Locura y genialidad

En la tónica de Disney de matizar a los antagonistas emblemáticos de algunos de sus clásicos, «Cruella» (2021) es indudablemente entretenida y se calza sin problemas el rótulo de cinta recomendable aunque quizás más disfrutable para mayores de unos 12 años.

Emma Stone y toda la historia construida en torno a una villana otrora unidimensional, consiguen sacudirse del estereotipo plano tan típico del siglo XX para dar modernidad con toda una nueva personalidad a la protagonista, profundidad a sus afanes y ambición a sus metas. Un logro equilibrado de estilo, novedad e incluso atrevimiento por la crudeza de ciertas apuestas de guión.

Es necesario hacer el punto por la forma en que la maquinaria Disney abre con amplitud la billetera para conformar una banda sonora de ensueño para lo que la película representa temporal y argumentalmente. Es por momentos abrumador escuchar sones que son hits de todos los tiempos casi como un actor más que complementa diferentes escenas.

No cabe duda que «Cruella» encanta, invita a una secuela para saber más de una villana que pasó de ser un simple clon monocromático de tantas otras historias de fantasía animada a encarnar una anti heroína empoderada y pícaramente encantadora.

Recomendación: Buena. Recomendable para prácticamente todos los públicos. Muy buen trabajo en calidad y atractivo para una cinta de estas características.

 

[CINÉFILO PROMEDIO] «Wrath of Man» – (Justicia implacable)

Ambigua revancha

Reconozco que tras «The Gentlemen» (2019) esperaba más de Guy Ritchie en la tendencia de retomar su gusto por las historias de crimen, humor negro, estilo bien cuidado y sobretodo por retomar el vínculo con Jason Statham, uno de sus ejes en la popular «Snatch» (2000). Sin embargo, sin ser una mala película califica como decepción.

Para el rudo calvo británico, «Wrath of Man» (2021) es igualmente una suma positiva a sus recientes entregas, muy a la deriva en tramas olvidables de acción que se apilan en los años recientes. No cabe duda que al menos Guy Ritchie sabe lo que hace y eso le da un plus a su protagónico que es el 80% del film. Fuera de eso, si bien la historia original llamó tanto la atención del director para hacer su propio remake, queda la impresión de un relato incompleto, vacío de contenido después de tanto despliegue y sin tintes propios del cine de su autoría.

Y si Ritchie sabe lo que hace, eso se nota en el ritmo de la historia, al menos antes del desenlace. Es entretenida, afilada aunque algo previsible. Luego se descompensa y es donde nace el sinsabor que marca su saldo final.

«Wrath of Man» es diferente. No parece tanto una película de Guy Ritchie pero sí una de Statham;  una mejora para el actor pero un producto híbrido extraño para lo que esperábamos de este director.

Recomendación: Regular. De aceptable realización y desarrollo pero sin el vértigo ni el sello que se espera.

[CINÉFILO PROMEDIO] «Rápidos y furiosos 9»

Sin límites ni razones

Son muchas las bromas que se pueden hacer sobre esta novena cinta de la saga que hace rato dejó atrás los cromos, turbos y el nitro a un cuarto de milla para reconvertirse en una suerte de «Los Magníficos» o «A-Team» en misiones imposibles que no tienen nada que ver con las calles. Y sí, pueden ser toneladas de memes y bromas en torno a esta particular familia de Dominic Toretto en el cine pero hay que reconocer que por una u otra razón válida, ahí están, dos décadas después de su irrupción.

«Rápidos y furiosos 9» (2021) no tiene tapujos para presentarse como el show de lo inverosímil, bromear con lo ridículo de sus propias e ilimitadas posibilidades y jugar a salir campante entre comicidad y acción. ¿Resulta? Es sin duda un experimento de cuestionable profundidad pero definitivamente a Diesel y los responsables de la franquicia a esta altura les da lo mismo el qué dirán.

Fuera del obvio prólogo, esta novena aventura tiene momentos divertidos, entretenidos, otros incluso interesantes de seguir pero el resto que domina las escenas y la trama es el refrito chatarra que todos esperaban o temían ver en acción.

«R & F» cada vez se parece más a Marvel (no en el buen sentido) y francamente a nadie le extrañaría una aparición de seres con super poderes y capa en misiones con Vin Diesel o pegando puños con Michelle Rodríguez. Sin ir más lejos, «Hobbs & Shaw» (2019) algo esbozaron. Lo siguiente debería ser manejar el DeLorean del Doc Emmet Brown no cabe duda.

Los mejores momentos de estas dos horas y fracción son sus partes mundanas, la historia detrás -independiente de lo lograda que estén- y lo demás no vale la pena la más mínima reflexión del por qué de las cosas. Esa es la regla de oro para estas películas, solo verlas, como si fueran meros comerciales hiperinflados con muchos esteroides de millones de dólares. Nada más. Bajo esas condiciones este, los recientes y futuros capitulos de esta saga, deberían volverse más disfrutables. Sin esas premisas, no vale la pena molestarse.

Recomendación: Débil. Su humor es la excusa para no tomarla en serio. Su acción, el estandarte para justificar las más absurdas barbaridades.

[PERSONAL] A diez años de los atentados en Oslo y Utøya (III)

Levantarse después del golpe

Al momento de mi tercer despacho radial en terreno sobre la tragedia en Noruega, la noticia ya había dado la vuelta al mundo, sin embargo algo que nunca dejó de llamarme la atención es que cuando las grandes potencias y aparatos de seguridad global comprobaron que el origen de las decenas de muertes era aparentemente la desquiciada idea de un ultra derechista solitario local, al parecer dejaron de prestarle atención, atribuyéndolo a una materia doméstica del país nórdico y no a una amenaza terrorista masiva pese a la muerte de 77 personas, la mayoría de ellos adolescentes.

En este capítulo el responsable ya tenía nombre y apellido, además de un cara y perfil psicológico:
Anders Behring Breivik de 32 años, fanático de los videojuegos de guerra, batallas militares simuladas y de odio racial hacia toda la cultura islámica, por lo cual la política de asilos y refugiados del país hace cerca de dos décadas acogiendo migrantes terminó por gatillar su locura.

En tanto, para todo un país de gente buena, con mi familia de origen chileno incluida, se mantenía como un hito difícil de olvidar.