[PERSONAL] A diez años de los atentados en Oslo y Utøya (III)

Levantarse después del golpe

Al momento de mi tercer despacho radial en terreno sobre la tragedia en Noruega, la noticia ya había dado la vuelta al mundo, sin embargo algo que nunca dejó de llamarme la atención es que cuando las grandes potencias y aparatos de seguridad global comprobaron que el origen de las decenas de muertes era aparentemente la desquiciada idea de un ultra derechista solitario local, al parecer dejaron de prestarle atención, atribuyéndolo a una materia doméstica del país nórdico y no a una amenaza terrorista masiva pese a la muerte de 77 personas, la mayoría de ellos adolescentes.

En este capítulo el responsable ya tenía nombre y apellido, además de un cara y perfil psicológico:
Anders Behring Breivik de 32 años, fanático de los videojuegos de guerra, batallas militares simuladas y de odio racial hacia toda la cultura islámica, por lo cual la política de asilos y refugiados del país hace cerca de dos décadas acogiendo migrantes terminó por gatillar su locura.

En tanto, para todo un país de gente buena, con mi familia de origen chileno incluida, se mantenía como un hito difícil de olvidar.

 

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