[PARA LEER] Mis 100 palabras

Santiago en 100 palabras.

Santiago en 100 palabras.

Nunca me ha ido bien escribiendo para concursos y cosas por el estilo. Encontré un archivo de word del 4 de octubre del año 2007 cuando según recuerdo, hicimos de modo conjunto una serie de cuentos -muy ceñidos a las bases de la competencia- para el «Santiago en 100 palabras».

Creo que aunque el documento figura como creado el 2007 fue escrito con anterioridad. En esos días me movía por el barrio Brasil donde viví varios años. Recuerdo que convencí a Marco, literato peruano y Tony, escritor ecuatoriano ya que confiaba ciegamente en sus capacidades; uno autor libre y el otro con varios libros editados.  Yo por mi parte intentaba hacer lo posible pero sobretodo confiaba en los escritos de mis amigos.

Por eso luego de insistir que escribieran sus textos, los imprimí y coloqué en sus respectivos sobres que fui a dejar al buzón respectivo.

Nunca obtuvimos nada. A cambio a veces leo gigantografías cuya calidad es dudosa y por lo que no me cabe otra conclusión que al ser tantos escritos los jueces no dan abasto y alguien les filtra a los postulantes haciendo una suerte de preselección.

Me gustaría poder tener copia de los textos de Marco y Tony, al menos hoy varios años después me puedo dar el lujo de compartir los míos, sencillos pero hechos con cariño en otros años.

Nostalgia
¡Qué manera de llover!, decía mi tía Yola mientras el tío Carlos invocaba la buena voluntad de San Isidro Labrador. Las manos embetunadas de harina, zapallo, chancaca y el buen sabor de un vino abren el apetito y los recuerdos. En tardes de lluvia como ésta los extraño y desearía que nunca nos hubieran dejado.

Oasis de temporal
Mi nariz está húmeda. La gente toma distancia de la cuneta rompeolas de la avenida mientras dos estudiantes chapotean por toda la cuadra persiguiendo la micro que los acercará a su colegio. En un rincón, un vagabundo busca el calor entre cartones y plásticos. Más allá, una pareja se besa apasionadamente bajo el aguacero. Debe ser agradable besarse con lluvia; los cabellos mojados, la ropa empapada. Pero yo no puedo. Estoy solo y mi nariz está húmeda.

Metro de Santiago.

Metro de Santiago.

Romance
Debe haber pocas cosas más agradables cuando hace frío que descender por las escalinatas del metro y recibir esa cálida brisa. No importa si tuve un mal día, si mi cita no llegó a tiempo o si mi jefe peleó con su mujer. Yo y la brisa mantenemos nuestra complicidad pese a todo y a todos. Ella me abriga, yo le regalo una sonrisa y entro en su casa.

Quien sabe, quizás pronto me aventure de nuevo a intervenir en concursos literarios. Por ahora, solo oficio de editor para cuentos de amigos, como el que hizo el gobierno en «El Fútbol también se lee». Para la próxima veré.

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