Un voto de distinción.

Atrasado y todo, luego de años de esperar, así sin más mi título de Periodista y Licenciado en Comunicación Social llegó a mis manos. La tardanza en la ceremonia y otros procedimientos me forzó a hacer las cosas a mi modo, poniendo fin a la espera, casi de modo cómico.

Atrás quedaron años buenos, gratos, y otros nefastos y vacíos. Períodos congelados, sin dinero y otros de receso obligado, por allá en los primeros años del nuevo siglo cuando se me dijo en segundo que mi matrícula fuera de plazo no correspondía, omitiendo mis notas más que regulares y buena asistencia. Claro, estaban bajo revisión desde la ‘Comisión’ y querían los libros limpios, así que soné. Adiós a un grupo de curso entrañable. Después de eso nunca fue lo mismo reinsertarse con otros compañeros, al margen de gente valiosa que sí apareció, pero en la generalidad no.

Guau. Era flaco.

Guau. Era flaco.

Maldito Manuel Jacques y su invento de vicerrector académico. Todos los demás habían visado mi caso creo que por el 2002; dirección de carrera, ¡incluso el temido Fazael Yussef de finanzas! muy buen tipo, afable, pero Jacques no, ni siquiera aceptó razones y tiró a la basura mis seis meses de aquel segundo año en las aulas, porque eran períodos anuales, un payaso indolente escondido en su facha de intelectual al peo, pelo largo de hippie y aires de tipo con estilo. Otro que me perjudicó fue Iván Cabezas, cuando me reprobó un examen final y se negó a mostrármelo ‘porque el protocolo lo impedía’. Creo que aunque intenté hacer las paces con él, siempre que recuerdo ese episodio me molesta, no como lo del caradura de Jacques pero algo de ruido me hace.

Incluso ramos que tenía casi aprobado en septiembre de aquel año, después de seguirlos desde marzo, cuando se me forzó a hacerlos de nuevo al año siguiente, desilusionado y poco acogido, los reprobé. Trabajar y estudiar no es fácil, más aún cuando se vive solo harto rato, con pocas lucas y comodidades y aunque mi viejo siempre me ofrecía ayuda y solía tirarme un salvavidas en los exámenes finales, ya que si no pagaba no los rendía, ese ritmo cancino de ‘estudio a goteo’ también contribuyó con el paso de los años.

Con Espinoza y Cabrera, 'los mermes'.

Con Espinoza y Cabrera, ‘los mermes’.

Tantos buenos tipos y compañeras que avanzaban mientras yo me rezagaba; trabajaba harto, ganaba una miseria pero también carreteaba y me di el lujo de viajar. Así buscaba reinventarme, trabajando en cualquier cosa ajena a mi vocación, buscando mi destino con gente que no valoraba mis talentos. «Pocas veces he visto gente que desperdicia tanto su talento como tu Buyo», ese cumplido me lo llevé varias veces pero nunca le tomé el peso.

Pasé de todo en esa uni cuando tenía sede en el corazón del barrio Yungay, cuna de los guachacas de Santiago y más aún, del roto chileno. Gané campeonatos, perdí otros, me lesioné, mi computador se apagó en medio de un examen, en otra ocasión terminé uno en casa (y me reprobaron. Ese donde inexplicablemente no me lo mostraron, por eso lo raro pues fue como un focus group con mis compañeros), en otra le hice una prueba al profe que al irse me dijo «Déjelo en dirección»… me perseguí y cuando lo escolté se había ido. Después me dijeron que ese docente que ni siquiera llegaba a los 40 años había muerto (…). También bebí dentro de esa uni, aunque nunca me embriagué. No fui de amores pero si de proezas deportivas en la mesa de pin pon. Los administrativos me decían ‘el cimarra’ porque siempre me veían fuera de la sala, pero casi siempre no era mi culpa. Fui con pijama a algunas clases y en otras dormí plácidamente. Me sorprendí con mi pericia en algunos temas y en otros dudaba de su utilidad práctica.

Tito, Felipe y Rodrigo. Tres buenos elementos de la última parte. Campus Lucrecia.

Tito, Felipe y Rodrigo. Tres buenos elementos de la última parte. Campus Lucrecia.

Así y todo hoy tengo un par de cartones que avalan mi carrera. Un invento raro que a alguien se le ocurrió como colador de vocaciones pero donde no se consideró lo poco que ganamos, lo mal valorado de nuestro trabajo y sobretodo, lo poco que inflan el cartón a la hora de trabajar, ya que a diferencia de otras profesiones, si eres bueno te quedas si no te vas. ¿El titulo? da lo mismo, aunque no para uno.

Por eso y más damos fin a la odisea. Hay universidades bajo investigación del Mineduc y la justicia. La mía ni siquiera tenía plata para sobornos así que ni hablar, de hecho en un ránking anda bastante bien evaluada en algunas carreras, sorprendente.

Para terminar y como puse en mi tesis, al margen de los agradecimientos a mi padre por ayudarme a financiar el proceso, a mi hermana que también me ayudó y mi cuenta de ahorro que quedó en blanco debido a los requerimientos del lucro, no sólo les agradezco lo pagado sino el apoyo de su parte. A mi polola actual, Mayito, que se bancó el proceso de ‘goteo académico’ y me respaldó con amor y cariño, y a otras que no sería justo ignorar. A tantas familias que me acogieron cuando para variar deambulaba de casa en casa y tuvieron fe en mi. No hubiera servido como ‘cisarro’, porque tomé lo mejor de cada núcleo y lo vertí en lo que soy. A los que se fueron y me siguen desde lejos. A todos los que sin compromiso creyeron en mi y lo siguen haciendo, incluso más que yo. Este título para ellos, como decía en mi memoria… «Para vivir en paz». Una vida tranquila y honesta, siempre ha sido mi única ambición -si es que he crecido con alguna-, solo eso quiero.

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