[COLUMNA] «El momento de Pablo».

Pablo y Laurence.

Pablo y Laurence.

Luego de tanta polvareda, de más relámpagos y truenos que aguaceros, el temporal finalmente dejó una victima. Y no es que el hilo se cortara por lo más delgado, frase que aprendimos a acuñar en líos concertacionistas de otros años pero que hoy utilizamos en la derecha. En gran medida, la caída de Laurence Golborne desde su pedestal de precandidato del otrora partido más poderoso de la escena política nacional hasta el actual desdén de las filas oficialistas, pasó por su propia irresponsabilidad.

Quizás en el ámbito empresarial la omisión de antecedentes es un hábito o una práctica común. Pero en el campo político, no hay que echar la mirada muy atrás para ver el karma que significó para Sebastián Piñera desprenderse temporalmente de su legado empresarial. Pese a toda esa batahola, Laurence quiso emular la mediática irrupción de Michelle Bachelet desde el anonimato hasta la cima del Poder Ejecutivo y que la llevó incluso hacia la cúpula de una organización multinacional.

Sin duda la médico pediatra tenía menos que perder en el camino, y aunque su andar por estos días es diferente, volviendo al hijo de ferretero maipucino, sus aspiraciones debieron comprender que cualquier omisión como la de Islas Vírgenes y la sociedad no declarada al entrar en estas lides sería develada y utilizada de la forma más políticamente provechosa llegado el momento.

Hoy al margen de las declaraciones para un bronce sin importancia, acerca de llorar o no llorar, si sufrir o no sufrir, también sigue en entredicho la participación de Golborne en el incremento unilateral de intereses a miles de chilenos que poseían una tarjeta de crédito. Fue por cierto recién el primer periodo malo, apenas una muestra de aguas turbulentas que hizo naufragar sin mucha resistencia una embarcación frágil, insegura y sin timón. La vela de la UDI exigía un capitán diferente. Por eso ante la bajada del novel marino, cual ‘hombre al agua’ sin salvavidas a la vista, Pablo Longueira arremetió para reorientar el curso.

Si pese a su inteligencia el titular de Economía razonó aceptar el desafío es algo que solo se otorga como un sacrificio por el partido de sus amores. La UDI es su hogar político, su nido. De otra manera nadie tomaría no sólo un ‘fierro caliente’ como ese, sino que buscaría más pretextos que justificaciones para acoger el llamado desesperado de una tripulación sin líder. Esta lectura también permite apreciar que lo de Longueira es más pasión que razón. De otro modo, sin equipo, sin lineamientos de campaña, sin análisis de campo, puede no entenderse lo ocurrido, excepto claro en la cabeza de Pablo. Es el momento que ha esperado toda su vida, y este paso hacia La Moneda quizás no sea el único, sino el primero de un camino a más largo plazo (como Orrego) y lo cierto es que en los tramos es donde se aprende de una manera que nadie que no recorra dichos senderos puede comprender. Laurence tropezó y por ahora va de regreso, su reemplazo ya iba en camino cuando comenzaron las dudas.

Las candidaturas viven malos momentos, como tinieblas en un cuento, ensombreciendo la ruta del protagonista. Pero abandonar pronto es solo reflejo de la poca fe en las bases, las dudas de conseguir el objetivo y lo feble de los cimientos, que apenas soplados por la ventisca caen como castillos de naipes. Si la nueva historia que pretende retomar Pablo soportará esos aventones hasta las Primarias del 30 de junio, también dependerá de las huestes de Andrés Allamand, quien de paso, sigue disfrutando días de sol, por ahora.

Deja un comentario