[PARA LEER] «Tengo Miedo Torero»

Leer a Pedro Lemebel debiera ser así como en otros ejemplos de nuevas plumas nacionales, un ejercicio que quizás se hace necesario para entender en el país que vivimos. Su caso personal especializado en romper las barreras de un país parco y que niega los tabúes que lo avergüenzan es a su vez el centro de esta pieza literaria que ha ganado el rótulo de clásica no sólo en su historial sino en el de la biblioteca nacional durante los ambiguos años noventa.

En todo caso la ambigüedad de la década luego del retorno de la democracia a Chile no tiene que ver con destintes en la actitud del escritor y dramaturgo, más bien se trata del reflejo de un país que quiere avanzar sin mirar atrás o mejor dicho, sólo haciéndolo de reojo, preocupado de no ser visto.

En este contexto social del cual somos herederos, Lemebel juega con la historia detrás de uno de los episodios más cinematográficos de finales de los ochentas y donde la imaginación da rienda suelta tras una trama llena de intrigas y hechos desconocidos, ansiosos de ser descubiertos o recreados. Es por eso que resulta asertivo y original la manera en que el autor llena los espacios en blanco (o en negro) del Chile en la decadencia de una dictadura ahogada por la falta de reconocimiento y el común de los que viven con miedo temerosos de los brazos represivos.

La propia originalidad de los personajes, con sus sueños y perfiles encajan perfecto en un Santiago recreable aún hoy, donde sin mayor dificultad puede notarse que el paso de los años se ha detenido en muchos sectores donde parece que los cambios de poder no han surtido efecto. En esos paisajes se da el curioso e impensable paralelo que Pedro Lemebel utiliza para recrear la trastienda de un suceso que muestra de la cotidianidad de una radio sonando en la cocina, de una morada humilde y del quehacer de un homosexual en la contraparte de un dictador agobiado.

Los miedos de ambos se encuentran y convergen como nunca se enteraron. El relato de los destinos, el sufrimiento, la marginalidad, todo tiene un hilo muy atrayente a la espera de momentos clave de distinta índole en el libro. Lo explícito no provoca ruido ni escozor, en un tacto literario que juega con lo platónico, sin sobrecargas descriptivas y que se hace ágil.

«Tengo Miedo Torero» cumple con lo que traza. Algunos critican su localía pero consolida a Lemebel como icono. Uno con prosa firme pero sugerente, caricaturizando quizás al dictador con un humor inteligente. Una novela audaz y llena de sentimientos. Si el protagonista refleja al propio autor es difícil saberlo, aunque el escritor enfoca su fantasía en su obra y el protagonista resulta ser quien le da vida. Recomendable y a esta altura de culto.

tmt«Tengo Miedo Torero».
Pedro Lemebel.
Anagrama, Narrativas hispánicas.
2002.
Chile.

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