[DEPORTES] Fue en Wembley un día como hoy…

Salas, con la frente en alto.

Salas, con la frente en alto.

En 1998 en Chile no se hablaba de otra cosa que no fuera el Mundial de Francia al cual «La  Roja» había clasificado después de muchos años. No revisaré datos existentes, consultando material fácilmente corroborable en la net. Creo que lo importante es lo que uno alcanza a recordar de aquella célebre jornada, 11 de febrero de 1998.

Los dirigidos de Nelson Acosta debían jugarse la vida en los amistosos de la selección para poder lograr un cupo entre los que irían a tierras galas representándonos. Ya se conocían los rivales y se sabía que el grupo con Italia, Austria y Camerún sería difícil con miras a un acceso a segunda ronda pero no imposible. Los recuerdos del 82′ y el bochorno vivido en España por Luis Santibáñez y los suyos se repetía una y otra, y otra vez. Hasta el cansancio.

Los aprontes no llenaban el paladar del hincha, extasiado pintando o portando la bandera nacional donde fuera posible y salvo Marcelo Salas e Iván Zamorano, más las torres en defensa con corazón a toda prueba, el resto, debía esforzarse para alcanzar el nivel adecuado. Giras por oriente y otras latitudes dejaron más dudas que certezas hasta que la mismísima Inglaterra, aspirante de siempre a levantar la Copa Mundial, apareció en el horizonte para recibir en casa a esa selección sudamericana que asomaba sencilla, pero con un finiquito importante (clasificó por diferencia de gol) para poner a prueba su defensa a meses del campeonato.

La fresca noche londinense contrastaba con la calurosa tarde nacional, al menos en la zona norte y centro, pleno febrero y mucho sol.  Creo que fue a media tarde. Muchos -en mi caso- salíamos del trabajo y la hora del partido nos pillaba ahí, en esa postal entrañable de otros tiempos, mirando en masa el partido frente a una vitrina de algún local en Ahumada.

Danza de la victoria.

Danza de la victoria.

Trabajaba en las oficinas del correo Central en Plaza de Armas y cuando llegué y patudamente me coloqué en primera línea, agachado frente a los televisores, no lo podía creer. «Vamos ganando 1×0» «Fue espectacular» y todos con sus caras de incredulidad feliz me lo confirmaban. «La Roja» estaba dando el golpe a la cátedra, justamente en la catedral del fútbol mundial, Wembley y ante los llamados inventores del deporte más lindo del mundo. Todos se deshacían en elogios para Sierra por su pase kilométrico y en Salas por su definición.

Chile llegaba con un handicap importante ya que Iván Zamorano, nuestra máxima figura a nivel mundial no estaba para el amistoso y a cambio Marcelo Salas, ‘el matador’, hizo brillar la jineta de capitán y se dio a conocer al mundo que aún no sabía de aquel goleador que convertía los sueños en realidad y con la rodilla izquierda en tierra, agachaba la cabeza y señalaba el infinito.

Hasta ese momento, no recuerdo si en las postrimerías del primer lapso o ya en el complemento, el partido no había sido fácil para Chile. Los locales atacaron con todo y sus cracks hicieron del match un anticipo ideal de lo que meses más tarde sería el debut con los italianos. Mucha solídez física, juego por las bandas y los habituales centros. Pero los nuestros tenían lo suyo.

A Nelson Acosta se le criticaba su liviandad al conducir pero igualmente todos sabían que sus carencias las contrapesaba con espíritu y motivación sin igual. Esa emotividad probablemente fue la clave de la hazaña en Wembley, ante colosos como Michael Owen, Alan Shearer, Teddy Sheringham, Steve McMannaman, Paul Gascoine, Paul Ince y otros.

Posiblemente ustedes tengan mejor memoria que yo para esa mítica jornada, pero lo que si recuerdo es que tuve la fortuna de poder ver el segundo, luego del penal que Sol Campbell le hizo al propio ‘Matador’ en uno de sus partidos de colección, donde derrochó osadía y jugó al fútbol con la inteligencia, sapiencia y astucia de los más grandes que he visto jugar.

Los ingleses no lo podían creer, pero no tenían remedio. Al menos les quedaba el consuelo que se trataba de un amistoso, tal como lo hubiéramos hecho nosotros de haber sufrido un papelón, aunque nunca sentirán ni sabrán del sabor dulce en boca del pequeño a la hora de vencer al poderoso.

Lo que pasó luego es por todos conocido así como lo que aportó Marcelo Salas como emblema de ‘La Roja’ y además donde compartió con Iván Zamorano una de las duplas más peligrosas a nivel mundial en cuanto a fútbol. Los ‘Za-Sa’ siempre nos generarán un gran recuerdo a los que vibramos con este gran deporte y donde cada tantas generaciones aparecen jugadores como ese par.

De aquel 11 de febrero de 1998 estas postales se atesoran como recuerdos en la galería de inmortales protagonistas y de fechas eternas e irrepetibles. De saber dónde estabas en ese momento y sólo esperar tener la dicha de poder volver a vivir y testimoniar otra gesta similar.

Salas para siempre.

Salas para siempre.

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