[COLUMNA] El lector.

El gran ausente de la reciente cumbre de CELAC-UE fue el gobernante venezolano, Hugo Chávez Frías, reelegido hace poco en las urnas de su país, nada menos para que complete veinte años en el poder, luego de llegar democráticamente al gobierno en 1999 incluso con antecedentes golpistas.

Lamentablemente su padecimiento de salud producto de un cáncer que ha resurgido en su zona pélvica y donde se ha mantenido un sigiloso hermetismo que oculta detalles de la enfermedad y de su condición actual ha impedido que el comandante presidente, ejerza en plenitud el cargo. Sin embargo, es cuando ha entrado en acción quien asoma como el principal heredero político del chavismo: el vicepresidente Nicolás Maduro.

De pasado sindicalista y vinculado al rubro del transporte, Maduro acompañó a Chávez desde el Congreso, donde fue diputado y presidente de la Cámara hasta que el Jefe Bolivariano lo llamó a ser parte del Gabinete con una destacada labor y donde a fines del año pasado ascendió a su punto más alto que incluso a tres días de haber vencido en las elecciones, llevó al mandatario, obligado a tratar su cáncer, a llamar abiertamente a elegirlo como su sucesor en caso que esto fuera pertinente.

Maduro, por ahora, lee.

Maduro, por ahora, lee.

Nicolás Maduro, de 50 años, quien ha demostrado una lealtad incondicional con su superior, desde entonces ha debido enfrentar una serie de cuestionamientos no sólo desde la oposición sino de especulaciones que llegan desde el exterior y muestran su apatía por la cercanía que tiene con el régimen cubano. Desde el interior, también ha intentado utilizarse una suerte de rivalidad con Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, que se dice representa a los sectores militares nacionalistas, más fieles a Chávez y que contrasta con la moderación y apego más ideológico de Maduro.

Todas estas especulaciones han sido desestimadas curiosamente con la misma receta de contrarumores pero a favor del chavismo, como el rol de la inteligencia cubana que blinda al mandatario de posibles traiciones, ya que son conocidos los intereses internacionales por sus constantes ataques verbales y desafíos por desbancarlo de la magistratura.

Sin Chávez en el Palacio de Miraflores debido a su recuperación en Caracas, nos queda Maduro, intérprete del mandatario, entregándonos en cada lectura de sus cartas –a falta de imágenes o audios- los lineamientos para que la revolución bolivariana no decaiga e incluso como en la cumbre de la CELAC, denunciando el bloqueo que aún padece la isla que aún lo alberga o la ascendente militarización de las Malvinas.

«América Latina es subdesarrollada porque está dividida. El subdesarrollo es hijo de la división», leyó Nicolás Maduro citando a Hugo Chávez, quien a su vez evocaba los pensamientos del argentino Jorge Abelardo Ramos.

“Un infinito y eterno abrazo para todas y todos. Hasta la victoria siempre, que viva la unión de nuestros pueblos, que viva la Celac», mandó a decir el comandante Chávez y así lo leyó su vocero, representante y vicepresidente Nicolás Maduro, el lector.

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