[COLUMNA] Tomás, la solitaria estrella nacional.

Doble finalista olímpico.

A horas que Tomás González afronte la final de salto olímpico en gimnasia, no hay dos lecturas sobre los méritos del hombre del bigote feliz pero, independiente de su resultado final ante expertos con todos los recursos a su disposición desde Corea, Japón, China, Rusia, Estados Unidos y Gran Bretaña, nos queda la duda si existe otro exponente de nuestro deporte que merezca los elogios que salven en algo el honor tan denostado por hinchas más familiarizados con el fútbol que con disciplinas donde ni siquiera se está muy al tanto de las reglas.

El 4to lugar en suelo para González es un orgullo para él y la mitad del país. La otra mitad esgrime que no se deben celebrar los lugares secundarios. Como sea lo importante en lo específico es la persona y sin duda para Tomás -que obtiene un diploma del comité olímpico internacional por estar en finales- estar en dos definiciones es un triunfo que lo posiciona en el escenario mundial.

Los especialistas de mañana por la mañana venderán caro cada presea. Una inspiración, un mínimo margen de error será lo que defina la suerte de nuestro compatriota. Nadie quiere regalar nada y el promedio de dos saltos, en cosa de segundos será el reflejo de una vida llena de sacrificios de los cuales sólo ahora, asumámoslo responsablemente, nos sentimos con el derecho a opinar.

Mientras el mundo se rinde ante Phelps y Bolt, quizás nosotros nos quedemos sin récords ni medallas, pero con la satisfacción y la alegría que al menos uno de los nuestros, entrenando en Chile, nuevamente con humildad y sin pedirnos más que su apoyo, nos hizo sentir orgullosos de ese emblema sencillo pero significativo de la estrella en el pecho. Una estrella que aunque en solitario, está por sobre los podios, sobre el olimpo, brillando desde lo alto, más allá de los terrenales metales colgados al cuello, esos que a veces más que unirnos terminan separándonos en discusiones sin sentido.

Tomás es nuestra estrella. Chile lo quiere por estos días como su retoño predilecto, y mañana, por una vez, apoyémoslo intentando no sentirnos insatisfechos por nosotros, sino felices por ver a un hijo de esta tierra cumpliendo su sueño cuando frente a los ojos del mundo levante sus brazos, su bigote vuelva a sonreír y nos diga ‘misión cumplida’.

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