[A LA CARTA] El Huaso Enrique: Ambiente sin igual…nada más.

Maipú 462

(Crítica/Columna publicada en “Portales a la carta” Cap.04 en radioportales.cl)

Con motivo de la visita de unos amigos de mi pareja a la capital decidimos dejar de lado lo usual y hacer una salida nocturna de vuelta a las raíces patrias con música en vivo.

Dentro de este espectro la lista de lugares que se nos ocurrieron para llevar a las visitas eran tres: “Los Buenos Muchachos” y sus buenas parrilladas con show de nivel garantizado pero con un costo superior, “Los Adobes de Argomedo” acogedor y tradicional pero donde hace rato no íbamos y “El Huaso Enrique”, emplazado en el pintoresco Barrio Yungay y con más aire de ‘picada’.

Finalmente y casi sin darnos cuenta llegamos a las antiguas calles del centro de Santiago para entrar al local del mentado huaso (Maipú 462) y la cosa prometía. El problema para nosotros es que la admisión era de $2.500 por persona, debido a un beneficio nos dijeron. No era ocasión puntual ya que cuando se presentan grupos en vivo la entrada suele ser requisito. Así, desembolsamos $15.000 los seis asistentes sin siquiera otra cortesía que el derecho a sentarnos en una mesa.

Para ser honestos el restaurante, ambientalmente hablando, cumple con lo que uno espera de un lugar típico para comer platos de la cocina nacional y por supuesto la infaltable parrillada. La música envuelve sin ser molesta, el entorno es grato y todo el mundo –que llena el espacio- se ve feliz avivando las cuecas de improvisados y avezados bailarines.

El problema más gravitante es cuando llega el menú; por ejemplo los precios de las parrilladas que buscábamos –y por más que sean para dos y coman cuatro, siendo nosotros seis- exceden el valor que uno pudiera esperar y son un balde de agua fría luego de pagar el citado derecho de admisión. Hablamos de cerca de $30.000 que si no fuera por el hecho de ya haber desembolsado dinero fácilmente nos hubieran llevado a otro sitio.

Debido a esto, probamos con diferentes alternativas de platos. Anteriormente un domingo había probado una cazuela y un plato a lo pobre que no me deslumbró pero cumplió, por lo que ahora me jugué por un lomo liso a lo pobre y los otros platos que completaron el pedido fueron: lomo vetado con salsa, plateada, ensaladas, una chorrillana, empanadas de camarón queso para el entremés, un buen vino tinto y una jarra de terremoto.

Esperamos un tiempo apropiado considerando la cantidad de gente en el local y para resumir, el resultado fue decepcionante; hubo que devolver dos platos a la cocina, ya que el lomo vetado venía duro, otro estaba vinagre y la alternativa que era mechada no estaba en stock. Así terminamos con dos plateadas y un plato menos dado el episodio. Todo amenizado de fondo con zapateos y pañuelos al aire.

Venga comido pero con sed.

El terremoto también fue menos de lo que esperábamos y sí en cambio, la recomendación del vino, cumplió plenamente. En las mesas contiguas los sones patrios disimulaban cualquier contratiempo y una tras otra, las cuecas choras (o ‘urbanas’) no daban pie para concentrarse en el menú. Diera la impresión que conscientes del punto alto que representa la puesta en escena, los dependientes se conforman con eso y ponen poco empeño en el otro pilar fundamental que es la mesa.

Podría recomendarse ir solamente a beber y pasarla bien, a lo más, pidiendo algo para picar, pero la adhesión para entrar pueden hacer poco viable esta sugerencia, sin embargo es bueno tomarla en cuenta.

Por comentarios y el ambiente que se percibe entre cueca y cueca, definitivamente lo más rescatable son los bebestibles. No es una afirmación categórica pero sí, no debería extrañar que las más tradicionales ‘picadas’ con aire guachaca de la capital tengan su talón de aquiles en una cocina poco depurada. Es bueno estar prevenido para saber de quien hacerse acompañar.

Otros puntos como la atención no dan para alabanzas ni quejas. El cuidado de los utensilios está de más, enmarcado en el folclore del ambiente y desde afuera la verdad dan ganas de entrar. Estacionamiento privado no hay ya que sería un atentado a lo que representa el barrio y si el ánimo no da para avivar las cuecas con palmas, hay amplio espacio para alejarse un poco del bullicio.

No se intimide sino saber bailar cueca, bastan 5 minutos observando para aventurarse, no espere septiembre para sacar el pañuelo, alzar el brazo y mover las piernas. Un clery, terremoto y ¡a bailar se ha dicho!

Ambiente: 4 1/2*
Cocina 2*
Bar: 3*
Atención: 3*
Precio/Calidad: 2*

‘El Huaso Enrique’.
Restaurant, música en vivo.
Calle Maipú 462.
Barrio Yungay. Santiago Centro.
Fono: 681 52 57
Horarios: Lun a Sab 12:30 – 16:00/ 20:30 – 02:00/ Dom: Ocasionalmente.
Acepta: Red compra, tarjetas y efectivo.

http://www.elhuasoenrique.cl
reservas@elhuasoenrique.cl

Cueca en la casa.

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