29 de febrero, día para no olvidar.

Año 2005.

Hace rato el 29 de febrero me representaba un día especial, dado el cumpleaños de mi buen amigo César Pinto, quien por calendario hoy cumpliría 8 años en vez de 32. Sin embargo, este día bisiesto en este particular 2012 cargado a las sorpresas, me encuentra en mi último día de ‘chico del cibercafé’ (más conocido como el weón pesao del ciber en la noche -título honorífico-).

Y es que luego de seis años y fracción, donde resucitamos un local abandonado, con Marco, mi compañero y socio, fuimos poco a poco haciendo crecer el boliche de Echaurren 81-A y viendo como pasó a ser de un sitio inexistente a un referente comercial del sector de República.

Tenemos múltiples episodios memorables o para recordar, unos risibles, raros, insólitos y otros más dramáticos. No obstante años que para muchos de mis cercanos han sido ‘años perdidos’, en lo personal cada jornada de trabajo fue sinónimo de sacrificio, retos a la paciencia y un ciclo que es necesario comenzar a atesorar como un paso hacia cosas que espero sean más prometedoras.

Marco, mi compadre, de aguante frente a mis continuos chascarros y petitorios, también partió una nueva etapa en su vida este mismo verano, así que asumo sabe de lo que hablo.  No podría enumerar las veces que me salvó el pellejo, mi tributo para él.

De todas las cosas que me ha vacunado el 2012, esta es una de las más emblemáticas y significativas de cambio. Daré todo para que la radio lo valga y no descarto tener que conseguir algún empleo extra ya que quizás quede corto de plata, en fin.

Fuera de las fotos ahora con Marco y su wife, no hay más emotividad que la del término de un vínculo laboral, ya que la amistad y el contacto continuarán.

El mesón 2005-2012.

Mi recuerdo para todas las caras que vi y conocí en el local, sin rencor alguno para aquellas personas que pensé amigas y luego si te he visto…’no me acuerdo’. De todos quienes uno conoce se queda con algo, espero también haberles dejado algo y ojalá hayan valorado mis gestos, ya que con el tiempo y los que me visitaban lo sabían, no cualquiera tenía mi venia.

Espero y tengo la certeza que mi situación es distinta de la de quienes pasaban por el local por mera necesidad. Conozco a Marco y el ‘cartel’ de Chanta Com desde los tiempos del Barro Brasil, en los años locos y les aseguro que a esta historia aún le restan capítulos.

29 de febrero de 2012. Un día que no es para recordar, más bien para no olvidar.

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