Ojos chicos

Hacia la luz...

Aún me resta una semana de reemplazo (leyendo noticias y levantándome a las 6AM) y mañana ya es miércoles. Ese día bisagra que cuando empieza dices ‘recién miércoles’ y cuando acaba ‘que rico mañana es jueves’.

Dormir 01-06 AM y trabajar todo el resto es bastante. No es la primera vez que trabajo así y estoy seguro que no será la última. Duelen los ojos con tanto computador. Son días que entre vacíos dan para reflexionar ( y para eso acudo a este rincón), pues se me da una mezcla de sentimientos que, como ha sido la tónica del 2012, no había conocido antes.

Por una parte he compartido con algunos la sensación masoquista del periodista que lleva su profesión y vocación, casi como un virus que lo mata y lo consume. No puede -y cuesta- desprenderse del quehacer y esa necesidad no se intimida con reglas, horarios y lamentablemente recompensa, ya que todos saben las reiteradas críticas a los sueldos que prácticamente podrían pasar por propinas, a años luz de los ingresos de otras profesiones y lejos de la proporcionalidad esperada para el esfuerzo brindado.

Por si fuera poco, socialmente, cada día también somos más pisoteados y ninguneados.

«… (sacar) el título (profesional) es como discutir con un cabro chico porfiado, siempre sale con algo más».

Aparte de esta bandera que se levanta cada día sin pensar, está el hecho de pensar que a propósito de profesión, debería estar ultimando mis postergados detalles del karma llamado título, que es como discutir con un cabro chico  porfiado, siempre sale con algo más;  que primero planificar, pasan meses, que hacer la tesis, pasan años, que entregarla, más meses, y ahora defenderla. Por lo demás, entre medio, lucas que se van y en el caso de esta carrera, sabes que no van a volver.

Acerca de volver, Marco el otro día me decía, esperando aportar para mí búsqueda de nuevo domicilio, que Cienfuegos #151, conocido como ‘El Castillo’ o ‘Graceskull Boulevard’, estaba enchulado, con nuevo dueños y podría ser alternativa para volver al Barrio Brasil. «NO», me apuré en decir.

Fue raro, apresurado a lo mejor, creo que quizás pasará lo mismo cuando me vaya del cibercafé. Un lugar lleno de historias, anécdotas para bien y para mal, cosas para contar y otras que no, pero una etapa a superar y ojo, no lo digo en mala. Antes por ejemplo, me fui y volví cuando estaba de brazos cruzados y para ganar más lucas a la pega de repartidor, además, soy amigo de Marco, volvería a ayudarle o pedirle asilo sin dudar.

Son mezclas raras, contemplativas, de días largos, de casi 18 horas laborales, 5 días a la semana y otro resto de horas el domingo. ¿Cuánto vale este esfuerzo? no sé. Seguro lo comentaré acá cuando suceda.

Por ahora vivo las últimas tardes y noches de cibercafé. Saldré para atrás en lucas al trabajar sólo en la radio, que agota más a ratos, pero es una pérdida que no sentiría tanto si no fuera porque estoy obligado a cambiarme de domicilio y no sé si alcancen las lucas… como siempre.

Sólo veo mis ojos achicarse, ante la luz de los computadores, los tubos fluorescentes, el calor y las levantadas a oscuras pedaleando contra el viento.

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