40 horas al desierto

Tengo la espalda tan mojada que casi se me olvida que tengo la bicicleta pinchada y con suerte mañana, en el último día antes de desconectarme de mis deberes, trataré de repararla para no sufrir trastornos en el regreso a la capital. Hay 32 grados.

Cuando en Santiago el viento caliente más que refrescar quema la piel, los tiempos y deberes no me cuadran pero creo que a esta altura ya, sinceramente, tampoco me importa mucho.

Sé que el año pasado viajé pero aún así me merezco unos días de descanso porque trabajo mucho. No soy neurocirujano ni físico nuclear, pero trato que mi labor donde sea y en lo que sea, sea eficiente  más que efectiva, es decir, que cumpla las necesidades pero de la mejor manera posible. A veces no me da, es cierto.

Sólo restan horas de preguntas idiotas y espero que en 40 horas más esté en busca del desierto, calmo, reflexivo, silente. Nada de redes sociales, celulares, peleas de vecinos afuera o bocinazos mientras pedaleo por las calles llenas de hoyos.

Quiero esa quietud, por supuesto en buena compañía.

(((sonando))) Rhytms del Mundo…aquí les dejo dos joyitas de esta iniciativa entre ONG’s y artistas que sin duda, me evoca vacaciones y divertimento.