[COLUMNA] Hablar es gratis, el caso Pérez Concha.

(Columna de opinión publicada en http://www.radioportales.cl )

No es la primera vez ni será la última donde nos apresuramos a lanzar acusaciones y denostaciones hacia alguien creyendo conocer todos los antecedentes, dando fe de las culpas, pensando en seguir la moda y acudir con la masa.  Sin embargo, más temprano que tarde, la realidad nos da en la cara y a veces de modo más explícito que en otras ocasiones nos muestra en toda nuestra pequeñez.

Lanzar la primera piedra al parecer nos caracteriza y a pesar que puede escandalizar a algunos, lo cierto es que moralmente no nos distancia de aquellos encapuchados que agreden a mansalva a terceros a causa de su resentimiento. Me recuerda el caso de Gemma Bueno, aunque para muchos la entrevista completa de Chilevisión a Inés Pérez Concha no la exime de culpas y por ende el colega editor periodístico no merece reproche alguno.

La discriminación es un tema que genera repudio y voltea miradas, demonizando equivocadamente a quienes lo pregonan con ahinco como igualmente a los que por ignorancia lo practican, no considerándose la educación que amerita el caso para permitir una buena convivencia.

Hablamos constantemente de educar y cómo la enseñanza nos hará surgir del subdesarrollo, pero ese tercer mundo mental que dejamos ver en nuestros actos y declaraciones dista mucho del que recién apenas empezamos a bosquejar en las aulas, y por ahora, en las calles.

Inés Pérez Concha, exquisitamente devorada por la vorágine.

Abrir la boca es como llegar y llevar, gratis, fácil y simple, para después con los años culpar a las escuelas aunque la real enseñanza, la de los principios y trazos del carácter los pone la familia en la crianza. La voluntad de la multitud anónima atrae pero una buena formación evita los excesos.

Dar un lapso razonable a la duda, esperar o simplemente omitir puede evitarnos un bochorno. Otra cosa es el perfil de este animal enceguecido y hambriento que devora y aprovecha la más mínima posibilidad de condena de algun personaje incauto.

Antes eran anónimos, hoy en cambio no sólo tienen un alias o iniciales sino hasta nombre y dos apellidos. Inés Pérez Concha, ahora Angélica Mora Zapata, torpe conductora estacionada por error en doble espacio para discapacitados. Penas del infierno, palabras que sacan palabras y nadie se pone en su lugar y cómo la adrenalina a veces nos traiciona, llevándonos a situaciones que nunca pensamos hacer.

Evitarnos la impulsividad es tarea de cada uno, pero ante la irrupción de cámaras en cada rincón de la sociedad la lucha parece perdida frente a la posibilidad de fama para alimentar la bestia insaciable de las redes sociales, delatando nuestras malas costumbres con la excusa que así las combatiremos.

Todo lo dicho lo afirmo tras recibir insultos gratuitamente de un señor de edad que me acusó de ignorante, muerto de hambre y me enrostró su apellido en desmedro del mío y otros tantos, exhibiéndome sus tarjetas de crédito y sus ancestros salvadores de la patria. No hay edad para madurar en ciertas cosas, está en nosotros poder empezar desde ya.

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