Viajar…

Truman, un visionario.

En realidad si fuera por viajes no debería quejarme, ya que este 2011 y en general los últimos años me he dado más gustos en materia de periplos que lo que supone mi condición social y mi escueto nivel de ingresos. Gano poco, sueldos casi discretos y aún así gracias a la beneficencia familiar he podido conocer parte del mundo.

Sin embargo, siempre o al menos desde el paso de mi adolescencia a mi adultez he soñado con algunos parajes que me gustaría conocer. En ellos se refleja mi necesidad paz, quietud, de silencio que me recuerda mi norte de niño. Cuando vi «The Truman Show» (1998, Peter Weir) -gran año- no fue sino el reflejo en pantalla de ese gusto por los lugares poco explorados.

Al margen de tener la película -tremendo film, de los mejores de Carrey- y que luego Alfredo ‘motta’ Cabrera nunca me devolvió, el pasaje donde Jim Carrey como Truman Burbank añora irse a Fiji como su lugar soñado me interpreta plenamente. No hay preguntas secundarias del adulto controlador (¿por qué?, ¿para qué?, ¿cómo vivirás?, ¿con quién?, etc…) sino simplemente el deseo de conocer, explorar y experimentar. Como Jamie Foxx en ‘Colateral’ mirando la postal de Bora-Bora. Tu lugar.

Para muchos puede parecer egoísmo, pero es más que eso. Me explico; me intrigan y me atraen los parajes que pese a estar ahí nadie ve. Por ejemplo, ¿por qué nadie mira a Surinam si está tan cerca de nosotros? necesito estar en ese país de Sudamérica, el más pequeño y más desconocido que pese a ser precioso todos pasan por alto.

Surinam.

Espero alguna vez caminar por sus playas, pedalear por sus senderos y poder conocer a su gente. Últimamente me he vuelto un ser antisocial, pecado para un comunicador, pero considero fundamental conocer idiomas, lenguas o formas de comunicarse para cuando se viaja, aunque sea un poco. Mucha de la importancia de los buenos destinos para conocer son las historias de su gente, como viven, como despiertan, como se acuestan.

Bajo estos criterios cómo no pensar en Belice. Enclave centroamericano soñado, tranquilo y pretendido por todos las naciones de la cintura del continente. Cómo no querer saber lo que es estar ahí. Un lugar que imagina paz.

Belice.

Pero hay más. Me recuerda por ejemplo las películas de Indiana Jones pensar en las Azores. Un archipiélago de cerca de nueve islas a 1.500 kms a las afueras de Portugal, en medio del Atlántico, de la nada. Villas coloniales enmarcadas con bellos empedrados. Aunque leí hace un par de horas algo más de información se anotó sin titubear como uno de mis destinos en el itinerario soñado, con tiempo y plata claro está.

Azores.

Que peligroso sería que cada uno de los escalones te ancle definitivamente para quedarse. Lindo riesgo, aunque irreal si partimos de la base que no hay como concretar estos sueños. Pero tampoco hay que ir al otro lado del mundo; en Chile por ejemplo todos se fascinan con Isla de Pascua. Patrimonio mundial, el ombligo del mundo, etc, pero ¿que pasa con las otras islas? No me refiero sólo a Juan Fernandez y su historia novelesca de Alejandro Selkirk, sino a Isla Sala y Gómez, San Félix y San Ambrosio.

Isla San Félix.

Sé que prácticamente es sólo una base naval, islotes, pero vuelvo al punto de evitar la obviedad. De pasar por alto las cosas ‘per se’ y no darse cuenta que hay puntos y lugares que están ahí pero por distintas razones no los vemos.

En este mapa (el universo no tiene arriba ni abajo así que puede ser) agregó a Fiji y a Tuvalú, que si quieren saber su historia preguntenmela algún día.

Mis lugares.

En fin, ya debería estar en la ducha. Creo que no me afeitaré pero…llevo el note para seguir abrochando la tesis.

Por último…

=)

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