[COLUMNA] Vénganos tu reino

(Columna de opinión para http://www.radioportales.cl)

Luego de un centenar de pasos por escaleras de mármol y salones cubiertos de cortinas color amarillo invierno, la noticia llega a oídos de Su Santidad: «Es Chile…de nuevo».

El presentimiento que nos persigue respecto a nuestra fatalidad como país se acentúa cuando vivimos episodios como el reciente en Juan Fernández. Y no se trata de evocar a la bilipendiada ‘señora Juanita’ y su sentir por la partida del carismático Felipe Camiroaga; cuando el schock nos toca como comunidad acusamos el golpe pero ante la reiteración de la mala racha se nos acaban las excusas o explicaciones posibles.

Mantener la fe entonces resulta a veces en una rara mezcla de admiración e  incomprensión con quienes si logran darle la vuelta al asunto invocando la voluntad divina. De no entender nada se pasa a la caída de las creencias -cuando no son sólidas- y episodios de nihilismo que en ningún caso pueden ser corroborados como algo sancionable, más que en el propio fuero interno.

Es lo increíble, -que aunque abusemos de la palabra a cada rato- apela a eso, a lo que cuesta creer, comprender y posteriormente digerir. Elisabeth Kübler-Ross, psiquiatra suiz fallecida en 2004, se enfocó dentro de su especialidad a trabajar con pacientes terminales y se convirtió en especialista en el tema de la muerte y el proceso de morir.

En su último libro «Sobre el Duelo y el Dolor», la profesional describe que las conocidas etapas en cuanto a reacción ante la muerte de parte de las personas han evolucionado y han sido muy malinterpretadas en las ultimas tres décadas, pasando a ser cinco -negación, ira, negociación, depresión y aceptación- sin el rótulo de regla dorada ya que como hemos visto en las imágenes de televisión y en las romerías a Camiroaga, cada uno vive el duelo a su manera y en ordenes dispares.

Si los chilenos somos pesimistas y siempre alegamos por algo es una cosa no menor, pues puede ser este karma el que nos hace ver tragedias donde no las hay y añorar la condición soñada como utópica. No olvidemos por si fuera poco que los tiempos o momentos felices aparecen con efecto retroactivo, por lo que en el ahora no percibimos lo que nos agrada sino nos enfocamos en aquello que nos molesta.

Por eso admiro dentro de mi incredulidad a los que mantienen la fe. Los de la religiosidad pura e incondidional, del ‘Vénganos Señor tu reino’ y de quienes siguen al pastor independiente de sus decisiones sobre el rebaño y sus a ratos inentendibles lecciones de vida.

Por ahora sólo añoro que pase luego la ventolera y se lleve las nubes para que de una vez por todas sonriamos, como este pueblo lindo sabe hacerlo y que con tanta negatividad -de la cual asumo mi parte- a veces se olvida.

Cielo, tierra y mar.

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