Welcome to the Jungle

Garabatos al despertar, mientras pedaleo autos encimándome, música a volúmenes ridículamente altos y vecinos amenizando el trasnoche con boches de platos rotos al son de las retardadas sirenas policiales. Es el retorno del rey, no del país, ni la ciudad. Ni siquiera del barrio o la cuadra, sólo de mi espacio en el mundo, mi pieza.

Mi sede diplómatica reluce sus falencias ante su inevitable contraste con el primer mundo, ese desarrollado, lindo, sin sarro en el baño ni grietas en las paredes. Es mi casa estudio, el centro de operaciones donde paso pocos pero preciados momentos de mis jornadas capitalinas.

El schock del retorno a sudamérica ya pasa, aliñado amargamente por tanta tragedia junta. Los deberes me mantienen tan ocupado que al menos los días pasan volando, algo bueno…aunque si contamos con que sólo me quedan 5 semanas (ya pasó una de las 6) para hacer la tesis, la risa se convierte en mueca.

Dramáticamente confirmo que llegué más gordo -o menos atlético, elija usted- que mi situación financiera no ha cambiado y por el contrario, en la parte cotidiana mi memoria me juega malas pasadas a cada rato con cosas que antes me parecían obvias.

Es el regreso a la jungla santiaguina. Del Chile que se sólo se conoce indoor, no de aquel de las Torres del Paine y la Patagonia para pescar, ni de la belleza silente del Desierto de Atacama. Es Santiago, con hoyos en las calles, mal aire, contaminación acústica en niveles increíbles y donde el más fuerte sobrevive.

Quizás por eso nos quedamos aquí, porque nos gusta competir por sobrevivir, en mayor o menor grado, pero nos gusta esa adrenalina que nos deja en trance. ¿O no se han dado cuenta que caminamos como desaforados cuando salimos de la cuenca? De repente tenemos la mejor de las brisas marinas enfrente y los pelotudos nos apuramos ¡¡¡Con sandalias puestas!!!, es la costumbre, aqui o donde sea.

Estamos envenenados, sólo quienes poseen fuerza mental pueden dejar el vicio de Santiago, nuestra jungla salvaje de cemento, llena de adrenalina y stress tóxico. Un cigarro humeante que nos mata pero nos gusta.

El Tóxico terruño.

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