Dag 68

*Hora del adios.

No importa que Emma esté más odiosa que nunca por estos días, que Elisa esté entrando en la fase de los gritos haciendo a un lado su tranquilidad para seguir el ejemplo de su hermana mayor, que la tia no haya aparecido para despedirse de mi mamá ni menos tenga planeado venir para verme antes de volver a Chile aunque las niñas pregunten por ella, no importa.

Da lo mismo la lluvia incesante que cae de lado, con truenos y relámpagos y que mi equipaje no quepa en mis bolsos. No importa mi acidez de las últimas semanas y mi chichón en la rodilla. Ni siquiera pienso en que no tenemos plata en parte por mi mami y por mi pelotudez de pasarle mi saldo. Da igual que Richard no haya podido venir como tenía pensado porque tuvo algunos contratiempos con su novia y Jessica le puso horarios, lo cual lo incomoda.

Mi mami y yo. Una de las postales poco vistas de este viaje.

Mientras Chile arde (parece juego culinario de palabras) acá alisto mis pilchas para lo que viene. Una travesia larga a los brazos de mi negra. Con mi bolso y mis mochilas, pero además con cientos de fotos y videos que testimonian los días en esta parte del mundo.

Acaban de irse los papás de Thomas mientras los flashes por la ventana anticipan otro aguacero. Un mero ejemplo de la gente linda que me recibió con los brazos abiertos, mi eterna gratitud con ellos, como con Jessica y Thomas.

Como dijo Morpheus…»Hora de volver al mundo real»

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