Que tiempos aquellos

Recuerdo con mucho cariño los tiempos donde éramos cabros jóvenes sin otra responsabilidad que estudiar un poco y divertirnos el fin de semana. Se nos hacía imperativo pasarla bien a ratos ni siquiera tomando, si no que jugando pin pon, saliendo al mall, jugando super nintendo o jugando a la pelota, obvio.

Escuchaba este tema de la última época de Sexual Democracia y  aunque sinceramente pensé que no lo encontraría (1998), me trajo gratos recuerdos. De esos que uno sabe evocan jornadas que no volverán y que ya da lata volver a mencionar porque todo el mundo lo tiene asumido y de hecho, parecieran estar más satisfechos con su actual pasar. Era que no.

Como sea, supongo que tengo todo el derecho del mundo a darme el lujo de hacer un salud, imaginario claro está, por los buenos tiempos pasados. Ya que aunque uno no se acuerda de los bodríos, alzo mi copa para esas salidas nocturnas, esas colectas frente a los locales, esas grabaciones queribles y sobre todo, esa simpleza adolescente que ahora se extraña, ya que todo nos complica.

Salud! de nuevo sin ustedes amigos, que casi con el tiempo se han vuelto meros conocidos, pero que siempre tendré la postal en el corazón de los momentos vividos, los buenos y los no tanto. De las anécdotas, de lo que no volveríamos a hacer y aquello que nos encantaría repetir. De todo eso se puede escribir un libro, cada uno puede hacerlo ya que es así como las historias cambian de narrador en narrador.

Hoy sólo nos queda eso, al menos a mi. Posiblemente el sentimentalismo no tenga lugar entre cosas más importantes que nos embargan por estos días. Extrañar es gratis, añorar una jornada de nostalgia también aunque es tan inútil como imposible. La vida pasa y ahora ni siquiera gasto papel y lápiz para contarlo.

«El Alma de la Fiesta», oda a las risas que provocaron mis joyitas musicales. Cuando no se masificaban ni Internet ni los celulares, cuando el tiempo no importaba.

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