[COLUMNA] Caminar con las heridas abiertas

Informe para Radio Portales de Santiago.

Las carcajadas de las gaviotas nórdicas contrastan con el síndrome post traumático de una Noruega que intenta dar vuelta la página luego de una de las tragedias más grandes de su historia. Sin embargo, a cada instante surgen nuevos antecedentes e imágenes de los atentados del pasado 22 de julio, volviendo a provocar lágrimas en cada rincón del país.

Al son de violines el Storting (parlamento noruego) se llenó de solemnidad y emoción al nombrar uno a uno a los 77 fallecidos -hasta ahora- que dejó el autobomba instalado en Oslo y el tiroteo en la isla de Utøya. Estuvieron presentes todas las más altas autoridades del país, que de impecable luto debieron secar una vez más sus lágrimas; el premier Jens Stoltenberg, otros ministros de Estado y todos los miembros de la familia real noruega encabezados por el aún impactado Rey Harald Femte (Harald V).

Fue también la ocasión para que Stoltenberg diera las gracias a todos quienes han expresado su pesar por lo sucedido, pero muy especialmente a los propios noruegos por su entereza ante los crueles hechos del 22 de julio. El primer ministro también había hecho lo propio ante miles de jóvenes que comparten la ideología de su partido y que por estos días se muestran más unidos que nunca. “Ustedes los jóvenes, han demostrado su determinación a responder al odio con amor. El terror no debe conducir a más odio, sino a más democracia», pregonó la máxima autoridad gubernamental.

Pero si bien los noruegos son conscientes que llega el difícil momento de intentar dar vuelta la página, la aparición de más y más detalles de los atentados mantiene las heridas abiertas. En un mapa de las regiones de las cuales provenían los niños y jóvenes muertos en Utøya queda claro que prácticamente ningún rincón del reino se libró de perder a uno de sus hijos, que dicho sea de paso recién están comenzando a recibir sepultura. Por eso consultado sobre qué opinión le merecen los índices de aprobación y los preparativos de cara a las elecciones municipales a celebrarse en un par de meses, el premier noruego fue enfático y pidió respeto.

Aún así es un hecho que el pueblo se ha unido; encuestas cifran en 80 % la aprobación a la gestión del gobierno en estos difíciles momentos y si las elecciones fueran este domingo, cerca del 40% de los noruegos votaría por la continuidad de Jens Stoltenberg, números que su bloque no alcanzaba desde 1995.

Pero no sólo los números políticos son portada de los periódicos; los últimos antecedentes revelan que aún existen 91 personas hospitalizadas luego del autobomba y el tiroteo. Anders Behring Breivik ha confesado en los nuevos interrogatorios que pensaba llegar a 4.500 muertos, que poseía una lista de posibles blancos y ya pensaba en otros dos atentados.

Sin embargo, todo esto contrasta con su confesión que él mismo habría sido quien llamó a la policía desde Utøya o que luego de planear meticulosamente detalles de su plan, terminó retrasado por el tráfico pues su idea llegar temprano al campamento juvenil para dar muerte a una ex primera ministra.

Paralelamente a sus revelaciones y a las investigaciones de la policía y la prensa, el itinerario de aquel viernes 22 de julio ya es de conocimiento público en Noruega. Su manifiesto, sus direcciones de email y aunque la agencia Asociated Press asegura que Behring Breivik no poseería –como él dice- vínculos con los llamados caballeros templarios en Inglaterra, esa es una veta que también se mantiene abierta.

Algunos sobrevivientes comenzaron a recordar lo sucedido e incluso uno le escribió una carta a su verdugo enrostrándole que había fracasado en su empresa de muerte, y que por el contrario había ‘creado nuevos héroes para sus ideales de paz y amor’.

En lo técnico se esclareció que la furgoneta utilizada para la bomba en Oslo contenía hasta 850 kilos de explosivo, en lugar de los 500 kilos que hasta ahora se estimaba y algunos de los materiales utilizados incluso, fueron adquiridos por el portal de Internet E-BAY.

El desenfado del nacionalista extremo es tal que personal policial reconoció ver su satisfacción al pasar por parte de la zona afectada por el autobomba y notar el daño que ha generado. Es más, el descaro del extremista llega al punto de pedir la abdicación del rey y la renuncia del primer ministro a cambio de información sobre los atentados. En tanto su padre, Jens Breivik, desde Francia lamentó que a raíz de lo sucedido jamás podrá volver a su país. “No tengo nada que ver con ese terrorista” dijo.

Todos estos detalles han llevado a la sociedad noruega a cuestionar la severidad de su sistema penal, que podría condenar a Anders Breivik –preliminarmente- a sólo 21 años de cárcel, en condiciones muy distintas al hacinamiento que conocemos en Chile.

Como sea las autoridades llamaron a no restringir las libertades mientras el trauma post atentados persiste en la ciudadanía, que acude en masa a dejar flores y muestras de afecto en Utøya y los alrededores de Grubbegata en Oslo. (Para ver fotos revise las galerías de imágenes disponibles a un costado de nuestro sitio web)

Y así, mientras Maria Mena, una cantante noruega de padres colombianos canta una canción que pasó a ser emblemática tras los ataques, ‘Mitt lille land’ (Mi pequeño país), se confirmó la realización hasta la primera semana de agosto del torneo internacional “Norway Cup”, un certamen con niños y jóvenes venidos desde varios continentes para compartir en torno al fútbol…aunque, el ambiente sigue inevitablemente enrarecido.

«El ambiente sigue enrarecido».

Lo último han sido los dardos desde la derecha noruega que llama no olvidar que el ingreso masivo de musulmanes al país supone una amenaza, mientras los más fundamentalistas islámicos residentes desde las sombras han puesto precio a la cabeza de Breivik, a quien la justicia cuida más que al mismo rey por temor a ataques o un posible intento de suicidio.

Y aunque se hace necesario levantarse, queda claro que cosas antes eran cotidianas ya no lo serán más. Las heridas visibles sanarán y se cubrirán, con las otras habrá que aprender a vivir y seguir adelante.

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