[COLUMNA] Pánico en Oslo

Columna de opinión e informe para Radio Portales de Santiago.

El pánico se apoderó de las calles de la capital noruega Oslo, en un viernes negro marcado por un autobomba instalado cerca del edificio de gobierno y un tiroteo en un campamento de jóvenes al interior del país.

Oslo bajo ataque.

Gente corriendo por calles repletas de vidrios y material de oficina a medio quemar. El tranquilo día a día de los miles de noruegos que acuden a trabajar o pasan por fuera del centro cívico del país no daban crédito a lo que veían sus ojos. Un autobomba explotó frente a las oficinas del gobierno central ocasionando la muerte de al menos 7 personas y dejado a otras 10 heridas de diversa consideración.

La moderación y tranquilidad que caracteriza a la población de este país, que generalmente encabeza los rankings de calidad de vida a nivel mundial, fue entonces abruptamente reemplazada por la sorpresa y el shock.

Contrariamente a lo que sucede en otras latitudes, aquí pese al sopor de la noticia, apenas dos horas después de ocurrido el hecho, en medio del llovido verano noruego, la POLITI o policía local, dio lugar a los medios de comunicación para que accedieran a tomar imágenes del lugar, despachando en vivo o tomando registro de los daños. Fue ahí donde pudimos constatar la violencia de la detonación; los cuatro edificios situados contiguos al autobomba quedaron con serios daños en su estructura y en los peldaños de algunas escalerillas, aún era posible divisar rastros de sangre de algunos de los heridos.

Entre los lugares más afectados está la repartición a cargo del Primer Ministro noruego Jens Stoltenberg, quien contrariamente a lo que informaban algunos medios no se encontraba en el lugar. También quedó con serios daños y principios de incendio la secretaría de Energía y Petróleo, y las dependencias del periódico noruego VG, todo ubicado en Grubbegata camino a Youngstorget (yumstorget) -especie de punto de encuentro citadino-, y donde se aprecian claras secuelas en edificios que van desde los 6 a 16 pisos.

Aunque el número de víctimas pudiera no reflejar la voracidad del ataque, eran pasadas las 4 de la tarde hora local y además período de vacaciones, por lo que en otra época del año y a una hora más concurrida, los fallecidos pudieron incluso haber llegado a la centena.

Desacostumbrados a estas contingencias, la policía noruega debió salir a la calle y el gobierno ordenó evacuar el centro de la ciudad –de unos 600 mil habitantes, y los controles se intensificaron en las salidas de Oslo y en el aeropuerto. Sin embargo, mientras se agilizaban las reuniones de coordinación y desde otros países y organizaciones comenzaban a llegar las primeras condolencias, otro hecho de sangre tiró a la lona las esperanzas acerca del fin de la pesadilla.

Un tiroteo ocurrido en la isla de Utoya, cerca de 50 kilómetros de Oslo, dejó una decena de fallecidos, y dada la lejanía del recinto y las dificultades para acceder al lugar, los hechos podrían haberse desencadenado a la misma hora de la detonación en el boulevard de la capital.

En esta segunda escena macabra, la policía no logró llegar si no hasta 2 horas y más después de ocurrida la tragedia, y en el lugar donde se realizaba un campamento juvenil organizado por uno de los partidos de gobierno, testigos incluso han hablado de decenas de cuerpos apilados aunque se mantiene en estricto secreto los detalles de este nuevo golpe.

Las especulaciones crecen a cada hora pero el recelo para dar a conocer las informaciones es alto, ya que si bien los países escandinavos son un ejemplo de apertura y su diversidad cultural es bastante debido a los asilos y otros acuerdos internacionales, lo cierto es que quieren evitar a toda costa acusar erradamente a algún grupo por la autoría del hasta ahora ‘doble atentado’.

Si bien es cierto que los medios de comunicación locales reciben constantes amenazas de grupos fundamentalistas islámicos por la presencia de tropas noruegas respaldando las acciones de la ONU y la OTAN en oriente o por la reedición de viñetas de comic alusivas al islam, lo cierto es que este ‘viernes negro’ viene a llamar al orden a la comunidad noruega que si bien idolatra el respeto por el otro, debe aprender por el camino difícil, que a veces también es bueno aprender a respetarse a si mismos y poner ciertas reglas para que grupos de exaltados no tiñan de sangre una sociedad tan armoniosa como la que poseen.

Por ahora aunque no estallaron más bombas en Oslo las sospechas siguen. Las imágenes de jóvenes escapando a nado desde la isla de Utoya y sus crudos relatos acusando una zona de guerra originada de la nada tienen mudas a las autoridades. Hay detenidos, pero será necesario comprobar con certezas el fondo de este ataque sin sentido, en un país símbolo del respeto a los derechos de las personas.

Un comentario el “[COLUMNA] Pánico en Oslo

  1. Amor, que tristeza todo lo ocurrido en Oslo y en Utoya, es lamentable la pérdida de vidas y terrible toda la destruccìón generada, más triste aún saber que ustedes, se encontraban allá. Lo bueno es que todos se encuentran bien y eso me llena el corazón de alegría.
    Estoy viendo unas imágenes de la explosión, es impresionante el alcance de la bomba, que atroz.!
    Disfrute éstos días de descanso.
    Te amo

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