Día 3

*UIA

El lugar donde alojamos es más que lindo. Solicitado por anticipación por una amiga de mi mamá, se trata de una villa universitaria donde alguna vez estudio mi hermana Jessica. En el centro de Kristiansand (la perla del sur de Noruega y mi lugar de nacimiento) todo es calmo. Llegamos caminando y aprovechamos de reconocer los nuevos paisajes de estos lares -mi mamá vivió 30 años acá-, aunque para han sido 7 años de ausencia, luego de otros 20.

Kristiansand y Universitet donde alojamos.

Tratando de reconocer calles y lugares, me sorprende una mujer urgando en la basura -buscando envases plásticos que se transan de 0,50 a 3 krs (1kr  = $90)- y ver en general gente pidiendo. Eso es nuevo y ambas cosas son protagonizadas por extranjeros.

Caminábamos por las calles cuando de pronto se empezó a nublar (nos perdimos un poco) y de repente comenzaron a caer gotas sobre los adoquines. Las bellas noruegas son parte del lindo paisaje, así como la inmigración creciente de la cual en cierto modo somos parte. Es que las facilidades son muchas y el Estado con su seguro social ponen billullo para todo.

Café junto al museo de la ciudad y así como nos perdimos con los días oscureciendo cerca de la medianoche y aclarando a las 3 de la mañana, tal como nos perdimos al irnos nos pasó lo mismo al volver y tras algunas rutas en falso llegamos a nuestro lugar.

Mapa de donde alojamos en KRS, actualmente ampliándose.

Arrendado por un estudiante que en la época de vacaciones vuelve a su terruño, nuestro arrendador parece que tiene ‘handicap’ como dice mi mamá, ya que hay cosas en el depto que hacen presumir que tiene alguna discapacidad. Lo digo por la rampa y un baño con medidas de seguridad en caso de ‘turbulencia’, entre otros detalles…

Con manillas, en caso de emergencia a bordo...

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