[COLUMNA] El silencio de los consumidores


Por Christian Reyes / Editor prensa Radio Portales de Santiago.
Independiente del sinnúmero de circunstancias que se unieron para frustrarme lo que debía ser un plácido día sábado, irrita el hecho de saber que en ciertos mercados la competencia –en todo el amplio sentido de la palabra- no existe y por el contrario, nos enrostra el poder que tiene para hacernos sentir insignificantes y carentes de defensa frente a una injusticia en nuestro menospreciado rol de consumidores.

Mientras espero en el subterráneo de una mega empresa de trasportes y envíos, recuerdo que ya fue tema conocido la repudiable colusión que operó por parte de Tur Bus a través de Pullman y que perjudicó a otros empresarios que, aunque con menos recursos y pompa, brindaban un servicio más sencillo, expedito y por último, alternativo a los pasajeros que requerían traslado en determinados tramos.

Y así como las farmacias de barrio, los minimarket, bazares (e incluso las radios) hoy son prácticamente lugares en extinción ante el avasallador llamado de hacerse parte de grandes conglomerados sin identidad, resulta poco creíble que no existan emprendedores o inversionistas con visión para darse cuenta que hay un mundo de clientes necesitados de servicios que no encuentran soluciones, en una clara anomalía que es irreplicable a nivel del comercio global.

¿Se imaginan en otras grandes (ni siquiera capitales) ciudades del mundo donde se necesite un servicio y no existan las alternativas como para dar cabida a una vía de satisfacción al consumidor? Un banco en Londres donde se nos diga “se cayó el servicio…y no tenemos plan B, sorry sr” o una dependencia en Nueva York donde la encargada dejé un letrero que dice ‘en colación’ frente a un mesón desierto y una fila de gente. Suena ridículo pero en Chile sucede todos los días y lo aceptamos como corderos.

La Democracia Cristiana planteó la posibilidad de acusar constitucionalmente al ministro de Hacienda Felipe Larraín, por el abandono de deberes en la falta de fiscalización por el reciente caso de repactaciones sin consentimiento de los deudores por parte de La Polar. Algo que para muchos puede sonar exagerado, no así para quienes, como siempre, representan esa anónima minoría afectada.

Ser en cualquiera de las múltiples injusticias al consumidor que nos brinda nuestro país, parte de esa minoría además de indignar, da pena. El desparpajo de saber que muchas veces ni siquiera existen  alternativas para acceder a un bien o servicio es espeluznante.

Una cosa son las preferencias; si le gustó o no la atención como para irse a otro lugar pero una situación muy distinta es no contar con ese –a estas alturas- codiciado escenario donde como debería ser, quien tiene el capital puede optar a las alternativas del mercado.

He optado por excluir de estas líneas al emblemático y vilipendiado  SERNAC. Un organismo al que un día se le quieren dar más atribuciones y al día siguiente se le pretende dejar obsoleto en pro de uno mejor u otro complementario. Lamentablemente en la práctica su presencia donde ‘pasan’ las cosas es nula.

¿No sería oportuno contar con módulos de la repartición en Ahumada en medio del enjambre de tiendas de retail que es donde suceden los ‘imprevistos’ en desmedro del cliente? U ¿oficinas en los terminales de buses fiscalizando todos los días del año y no sólo cuando se trata de fines de semana largo? Porque yo al menos sigo sin ver los precios en las tablillas en las afueras de cada caja como estipula ley. Letra muerta.

Debe ser porque a la larga como suele ocurrirnos, terminarían todos siendo amigos y sin ánimos de denuncia tras compartir los mismos espacios. Vicios criollos.

Por mi parte, luego de tres horas y media esperando y sin opciones de mercado (gracias monopolios) para enviar una simple caja de 30×30 al norte, me informan que a nivel nacional no hay sistema de parte de la incompetente pero única empresa y como nadie más se dedica a esto y parecemos pueblo chico –sin ser despectivos-, los sobrevivientes de la larga espera sabatina digna de policlínico de salud vecinal nos marchamos mascando la rabia, refunfuñando pensando en las cosas que hemos perdido de hacer, pensando en Peribonio riendo de buena gana y una vocecita que dice a lo lejos “recuerden que pueden volver el lunes” (…)

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