Chanta Com, survivor, …Buyinski alive!

 


 
01-03-10
 
Mi humilde sucucho laboral PM sigue en pie. Y si bien Markin, cual muralista italiano dejó las tremendas grietas como si fueran los muros de la Capilla Sixtina, las fallas estructurales dejan más de alguna duda al momento de ingresar.

Al momento del terremoto, -que aunque en la capital no se compara a la violencia sufrida en el sur de Chile- estaba durmiendo. Llevaría unos 50 minutos, pero bastó para sorpenderme y ver en penumbras como las cosas de mi humilde morada eran sacudidas con una violencia inédita.

Era como cuando dices ‘ahora termina…ahora….ahora’ y pasan y pasan los segundos y todo se desploma y choca con tus pies desnudos. Los mismos que se resbalan ante el shampoo desparramado en el suelo y pisan cosas que incomodan el paso.

La puerta de la pieza, en una casa de principios del siglo pasado que se resiste a colapsar se ve lejana, como si las cosas que se caen en la oscuridad se tendieran como barreras para que no llegara a ella.

Todo se va más a negro cuando desde la ventana deja de llegar la tenue luez de las farolas y en cambio aparecen destellos ocasionales y gritos de pánico.

La inquietud palpable la cambio por desconcierto. Todo se sigue moviendo. Violento. Oscuro. Da lo mismo tenerlos ojos abiertos o cerrados, la sensación de qué pasará en el siguiente segundo es la misma.

Mi vecina es más lúcida y con celular alumbra mientras el movimiento aminora su intensidad. Yo, confundido recuerdo mi lampara portátil. Pero, no sé qué me pasa…mis dedos están torpes, mi memoria es confusa y no la encuentro. Todo esta desordenado y el llanto de mujeres a la distancia no ayuda mucho.

El celular está muerto para intentar saber sobre tus seres queridos. Mi papá viene viajando en bus desde Coquimbo, de madrugada. Viene por mi hermano, ese que he visto contadas veces en mi vida pero que viene de vacaciones a Chile y espero volver a ver. Pero su avión aterriza el domingo.

Al llegar a la calle la polvareda nubla la vista y da cuenta de algunos derrumbes. La intranquilidad se multiplica por mil en los nerviosos diálogos con desconocidos y vecinos con los que nunca hablaste antes.

Es una boca de lobo, no se ve nada, echo mis pantalones, grabadora y una chaqueta en la mochila y lampara en mano tomo mi bicicleta rumbo a la radio.

Cuesta transitar. La lámpara es como una luz de luciérnaga para quienes llenan las veredas y la calle por la inseguridad de sus casas. Transito despacio pero con precaución de los desconocidos y de los autos.

Hay momentos donde apenas veo y los escombros no ayudan mucho. En la radio no hay nadie pese a mi insistencia. Me voy a la Moneda.Son como las 4 y media de la mañana. Veo turistas con colchas y netbooks en la Plaza de la Constitución. Los carabineros de guardia llaman inquietos a sus domicilios.

Me quedo hasta las 7 y parto a la radio con las declaraciones de un ministro y apuntes sobre todo lo observado. En la radio sigue sin haber señales de vida. A mi celular le queda una muesca de bateria tras intentar toda la noche llamar a papá, polola, jefes. etc. Todo sin éxito.

Como no puedo esperar más acudo al único teléfono fijo que me queda, el del ciber. En el camino, veo accidentes, fugas de gas, gente esperando nada en los paraderos. Al llegar al local el panorama es bastante desolador; un derrumbe me impide la entrada pero de todas maneras logró cuidadosamente abrirme paso.

Hablo con papá, mamá, polola, jefe y cuando el número de la tía repicaba una replica me saca del local. Y es que las grietas dentro del local no eran muy linda invitación para guarecerse.

Mi papá llegó bien durante la mañana pese al incendio en las cercanías del terminal; mi hermano aún no sabemos donde llegará y yo sólo quiero dormir.

b.

 

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